sábado, 10 de enero de 2009

Una noche como ninguna otra

En una noche pero no cualquiera, era una de esas en las que las nubes guardan su distancia de la luna llena, envidiosas de tan excelente belleza. Pero esta vez las nubes estaban planeando algo macabro, algo que por seguro iba a cambiar el rumbo de esa noche, un grupo de nubes tormentosas tenían planeado raptar a la luna y dejar a las estrellas solas y sin tan elegante compañía.

Las nubes decididas a efectuar tan despiadada acción comenzaron a rodear y acechar a la luna en un juego de movimientos, brisas. Pero las estrellas preocupadas por lo que estaba sucediendo hicieron una cadena, una bella constelación que conectaba todo ese hermoso cielo de un lado al otro pidiéndole al sol que estaba al otro lado del hemisferio para que su luz hiciera que la luna resplandeciera en un baile de mil rayos nocturnos y alejara a las macabras nubes de su fiel compañera de días y noches.

Efectivamente, el plan de las estrellas función, el sol hizo su mayor esfuerzo y mientras en el día hizo calor terrible, en la noche hubo una luna preciosa y efectivamente no fue una noche cualquiera pues la luna y las estrellas brillaron como nunca en una hermosa y despejada noche.

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