lunes, 22 de octubre de 2012

Anzuelo

Una mujer con guardapolvo sube por las escaleras y se encuentra con alguien, con prisa la mujer pide excusas y sigue su camino escaleras arriba. El hombre se queda mirando a la mujer y desde el sitio donde está le grita que no hay problema, este sigue su camino con la calma que llevaba. La mujer corre entre los policías que guardan los pasillos del viejo hotel, a medida que ella pasa todos van saludándola con un fuerte y claro –Buenos días detective- a lo que ella no responde nada y sigue con precisión su marcha hasta el último piso del edificio. En el último piso, al final del corredor se encuentran algunas cintas perimetrales y dos hombres de traje hablando entre sí y tomando nota, la mujer se aproxima hasta los hombres y los saluda con un agitado “Buenos días”, los hombres voltean a mirarla y se hacen hacia un lado dejándola pasar; la mujer entra a la habitación donde se encuentra una mujer rubia también con guardapolvo junto a un cadáver de un pequeño niño, esta voltea a mirarla y con una expresión sonriente se dirige a la recién llegada a la habitación –Buenos días detective Morrisson, ¿ya le han dado el informe del caso?- La mujer la mira también con un gesto sonriente de amabilidad y un poco más calmada responde –Buenos días Rose, sí, el teniente ya me dio la información que tenemos del caso, ¿qué más se sabe de las víctimas?- la mujer rubia se levanta y caminando hacia la detective Morrisson dice –Bueno, tenemos 3 niños estrangulados con lo que parece nailon de pesca, hay un hombre en la ducha del baño con la cara completamente desfigurada y una mujer degollada en la mesa de la cocina que fue clavada al piso y a la mesa de pies y manos.- La detective Morrisson camina hacia la cocina para revisar la escena y comenzar con el examen de los cadáveres antes que se los lleven. La detective Morrissón comienza a examinar los cadáveres y los diferentes puntos del pequeño apartamento, este está completamente vacío y parece que así estuvo durante mucho tiempo. La mesa de la cocina había sido traída recientemente, estaba completamente nueva, como si recién hubiese salido de un almacén de artículos y muebles para el hogar. El hombre en la ducha del baño y la mujer en la cocina habían sido limpiados de una forma impecable, y en el apartamento no había rastros de sangre en el viejo piso de baldosa y se podía identificar a simple vista que este no había sido limpiado. Era una situación rara, puesto que al parecer los cuerpos habían sido traídos a este sitio después de haber tenido lugar el asesinato. A la escena llega el hombre que la detective Morrisson se encontró en la mañana, este completamente protegido con bioseguridad levanta cada uno de los cuerpos para llevarlos a la autopsia en la morgue del departamento de policía. La luz del día comienza a desaparecer y en las calles los postes comienzan a encenderse, la habitación no tiene energía por lo que las dos detectives utilizan un generador eléctrico para poder iluminar con algunos reflectores pequeños. Los policías se retiran de la escena y las dos mujeres quedan solas en el edificio abandonado investigando el lugar. Una de las mujeres se detiene un momento y dice en voz baja –Hay alguien en la azotea- Las mujeres buscan sus armas en cuarto principal de la habitación, pero se llevan la sorpresa de no encontrarlas e inmediatamente se desesperan, pero una de ellas saca su arma auxiliar del tobillo y entonces se dirigen juntas a la azotea del edificio. Las dos mujeres suben cuidadosamente por las escaleras que dirigen a la puerta de la azotea, el edificio es bastante oscuro así que llevan una pequeña linterna de luz tenue e inservible. Al llegar a la puerta, la detective Rose quien se encuentra desarmada, abre cuidadosamente mientras la otra mujer apunta y va saliendo sigilosamente a la última planta del edificio, pero de un momento a otro es recibida con un fuerte golpe el cual la desarma y tumba a las dos mujeres por las escaleras. Se incorporan después de rodar por las escaleras y al mirar a la puerta al final de las escaleras, logran ver la silueta de un hombre fornido de estatura media-alta.
Ellas corren por su vida al verse desarmadas, el hombre comienza a descender las escaleras con gran velocidad mientras ellas siguen su camino entre los corredores y escaleras del edificio abandonado. Deben bajar 11 pisos para poder llegar a la entrada, pero el edificio está completamente a oscuras y más de una vez tropiezan y caen, haciendo que el hombre se acerque más a ellas. Las mujeres siguen su camino con prisa, corriendo y levantándose cada vez que se topan con un obstáculo y caen, pero están decididas a salvar su vida a como dé lugar. Se encuentran en el piso 6 el cual tiene algunos escombros en las escaleras principales y para llegar a las auxiliares deben ir hasta la parte de atrás del piso para acceder a la zona de personal. Las mujeres corren con gran velocidad iluminando su camino con la pequeña linterna que carga Rose, todos los pasillos son iguales y algunos se conectan entre sí, haciendo que en algunas ocasiones den más de una vuelta por el mismo lugar y arriesgando a que el hombre las alcance. Ellas comienzan a evitar girar más de una vez hacia un mismo lado para dejar de dar vueltas en un mismo lugar, de esta forma logran encontrar la puerta al final de uno de los pasillos, pero al llegar a ella se topan con que está cerrada con candado; el cual comienzan a forcejear y golpear para intentar abrir, pero es completamente inútil pues el candado es demasiado grande para ser arrancado tan fácilmente y no tienen sus armas para dispararle. Mientras tanto el hombre llega donde las mujeres y sin detenerse se abalanza sobre ellas golpeándolas contra la puerta y tumbándolas inmediatamente, dejando a las dos mujeres inconscientes en el piso del corredor. La detective Morrisson despierta, en el cuarto se escuchan casi enmudecidos los quejidos de Rose, que frente a ella y completamente amarrada y amordazada es violada por su captor. La luz que entra por la ventana de la habitación revela el rostro del hombre y con sorpresa se da cuenta que es la misma persona que ya en dos ocasiones se había encontrado. La primera fue en las escaleras cuando subía por primera vez a la habitación donde se encontraban los cuerpos, y la segunda fue cuando él recogió los cuerpos para llevarlos a la morgue. Los llantos y quejidos de desesperación y dolor de Rose enfurecen a la detective Morrisson, la cual intenta moverse pero al mirar su cuerpo se da cuenta que está completamente desnuda y amarrada de la misma manera que lo está su compañera. Rose es montada sin descanso por aquel sádico desconocido, en algunas partes de su cuerpo se pueden ver algunas laceraciones producto de golpes que este le ha dado a la indefensa mujer que pierde sus gritos entre las fibras de la tela que tiene en su boca. En un momento la mirada de la pobre mujer se cruza con la de su compañera, sus ojos rojos bañados en las lágrimas de dolor que aquel degenerado le está causando, el vaivén de su cuerpo indefenso y la expresión de satisfacción perniciosa de aquel hombre hacen que Morrisson una vez más comience a luchar contra sus ataduras. Ella no pude permitir que eso siga sucediendo, sabe que es de las peores cosas que le pueden ocurrir a una mujer y con gran determinación comienza a aflojar las cuerdas que amarran sus manos, lo hace suavemente y con fuerza para que el hombre no se dé cuenta y así poder sorprenderlo. Mientras tanto, la ausencia de las dos mujeres ha causado preocupación entre sus compañeros del departamento de policía, llaman a sus teléfonos pero estos se encuentran apagados y el hotel no tiene líneas a las cuales comunicarse. Esto hace que algunos de sus compañeros decidan salir a buscarlas y el primer lugar para comenzar es el hotel, lugar en que las dos jóvenes son dos víctimas más de este psicópata. Morrisson logra soltar el nudo de sus manos y rápidamente se levanta y golpea al hombre repetidas veces con la pequeña linterna, que era lo más cercano. La mujer se abalanza sobre el hombre y comienza a golpearlo una y otra vez hasta dejarlo completamente inconsciente, mientras su compañera sigue llorando de dolor tumbada boca abajo en el piso mojado con su sudor y lágrimas. Morrisson se levanta y quita el trapo de su boca, desata sus pies e inmediatamente hace lo mismo con su compañera quien comienza a llorar fuertemente haciendo que los policías se alarmen los policías, los cuales suben rápidamente encontrándose con las dos mujeres completamente desnudas arrodilladas en el piso, estos apresuradamente llevan al hombre y a las detectives al departamento de policía.
El asesino confiesa toda la verdad, él era la misma persona detrás del asesinato de la familia y habla de otros 6 asesinatos más, pero con una risa de tranquilidad cuenta que todo ha sido parte de un plan. Con una mirada perversa en sus ojos le pregunta al detective -¿Qué se siente que los hayan violado a todos tan solo haciéndolo con una mujer?- Es en este momento en el que el detective se da cuenta del propósito de este demente. De una u otra forma el asesino había estado jugando con todo el departamento de la policía, los cuerpos de los asesinatos habían desaparecido misteriosamente de la morgue, siempre habían sido ellas dos las que investigaban los casos y al final el propósito era violar a una mujer de la ley para hacer un juego de palabras. El policía iracundo desenvaina su arma y mientras descarga su arma en el asesino se escuchan los gritos desaforados del policía diciendo -¡La mujer que violaste es mi hija maldito demente!-. El cuerpo del asesino cae súbitamente en el piso de la habitación, inmediatamente entran más policías para sacar al hombre ofuscado y al asesino agonizante tirado en el piso. De esto nunca más se volvió a hablar, quedó como un documento más en los archivos de casos inconclusos de la policía, pero al final se hizo justicia por la mano de la ley.

jueves, 9 de febrero de 2012

El Frío y Húmedo Asfalto


Pequeños pedazos de vidrio caen al suelo, el entorno se refleja en ellos como si fuesen diminutas ventanas a otro mundo, los gritos de personas y pitos de vehículos perturban el silencioso parque mientras un joven cuerpo toma su lugar en el asfalto de la avenida. Una joven de cerca de 18 años ha sido arrollada bruscamente por un vehículo que cruzo un semáforo en rojo a fondo de motor, la chica se encuentra completamente inmóvil en el caliente pavimento calentado por la luz del medio día.

La puerta de un automóvil de clase media con vidrios polarizados se abre y dejando asomarse al asfalto de la avenida un pie sale del vehículo seguido por otro, son zapatos de un cuero bien tratado, brillantes y limpios pareciendo que nunca se hubiese caminado con ellos. Del carro se baja un hombre de unos 40 años, viste traje y parece algo afanado, da unos pasos y entre los gritos que se escuchan pregunta –¿Se encuentra bien?– sin obtener respuesta alguna. Los gritos de los alrededores se intensifican pidiendo la asistencia de personal medico, que llamen una ambulancia y que alguien la atienda, pero que no dejen morir a la joven tirada entre los despedazados vidrios del parabrisas.

Una joven corre desesperada hacia la escena, pide permiso a los observadores y amarillistas que hacen presencia en e lugar y logra llegar hasta la chica que ha sido victima de tal brutalidad. Voltea a mirar al hombre del automóvil y sin piedad le grita –No se quede ahí parado como si nada hombre, coño pide una ambulancia de una jodida vez– procediendo a prestarle una atención básica, lo había aprendido en la universidad hace ya hacía algunos años. El hombre toma su teléfono y atemorizado intenta marcar el número de emergencia, tiembla y no coordina la dirección en que debe ir su dedo para marcar el número correcto. Una y otra vez marca un número de más o el número que no es, hasta que un hombre le arrebata el teléfono de las manos y marca el número correcto entregando nuevamente el teléfono para que el hombre del vehículo haga el reporte del accidente. Suena una, dos y a la tercera se escucha una voz masculina que dice: – Cuerpo de Policía de Cádiz, ¿en qué puedo ayudarle? – A lo que el hombre contesta: – “Buenas tardes, mi nombre es Fernando Villalba. Acabo de arrollar a una joven con mi vehículo – Inmediatamente el hombre da los datos pertinentes del lugar donde se encuentran y el policía procede a enviar el apoyo necesario al lugar del accidente.

Mientras tanto, la joven pide a los observadores que se alejen y se presenta como Amelia Valencia, enfermera del Hospital Universitario Puerta del Mar. Amelia procede a buscar una identificación entre las pertenencias de la joven paciente, encontrando su cartera con los documentos que la identifican como Carmen Quinayas, una joven Colombiana que se encuentra en España estudiando por un intercambio. Amelia sigue con la atención de la joven Carmen, revisa su cuerpo en busca de fracturas encontrando algunas zonas que presentan rigidez y otras con abultaciones anómalas.

La joven Carmen no tiene respuesta alguna, su respiración es leve en un nivel casi imperceptible al ojo humano, su ritmo cardiaco y presión arterial bajan segundo a segundo de una manera alarmante, de entre su hombro izquierdo y el ardiente asfalto se extiende un charco de sangre no muy prominente, pero da igual, sus ropas pueden contener abundante sangre y no dar muestra de una hemorragia de tal magnitud como la que tenía Carmen por el vidrio incrustado entre su zona escapular izquierda y el mediastino. Fernando pregunta con voz de angustia si se encuentra bien, a lo que responde Amelia con una mirada fija y frunciendo el seño en señal de negación –Esta chica va a morir si no se la traslada inmediatamente a un centro medico para una atención oportuna, está perdiendo sangre y presenta un déficit neurológico muy alto– Amelia repite nuevamente con voz de tristeza y amargura –Esta chica va a morir–.

La ambulancia se aproxima y a pesar de ser medio día el rutilante ilumina los alrededores cercanos en una combinación de rojo y blanco, la sirena aturde a su paso entre los observadores y amarillistas deteniéndose a 3 metros de la joven Carmen que yace en el asfalto. De la ambulancia descienden dos paramédicos con un claro uniforme del Hospital Universitario, dirigiéndose con gran apuro y una camilla hacia Carmen. Uno de los paramédicos que conoce a Amelia le pregunta que sucedió, y ella sin titubear cuenta cada detalle entre lo que sucedió y como se encuentra Carmen. Entre los dos jóvenes paramédicos hacen un movimiento en bloque para subir a Carmen a la camilla y luego montarla a la ambulancia, es menester transportarla con agilidad.

Ya en la ambulancia, la joven es despojada de sus ropas para darle unos barridos más profundos a su cuerpo en busca de fracturas o hemorragias no encontrados previamente. Uno de los jóvenes procede a suministrarle líquidos intravenosos mientras el otro posiciona los puntos del electrocardiograma que marcan el ritmo leve de su corazón, los sonidos se van haciendo cada vez más fuertes e insoportables y Amelia con voz de tranquilidad se dirige a Carme diciendo –Preciosa no es tu momento, todavía no ha llegado tu momento–.
Carmen abre los ojos de inmediato voltea su cara hacia el lado izquierdo y ve claramente en el despertador de su mesa de noche que son las 5:30 de la mañana. Hora en la que cada mañana suena su despertador anunciando que debe levantarse para ir a la Universidad. Carmen se levanta de su cama y comienza su rutina matutina antes de salir a abordar el bus que la lleva al otro lado de la ciudad portuaria, una hora le toma estar lista antes de salir caminando hacia la parada del bus. El día de hoy le tomo 20 minutos de más y va tarde, por lo cual sale apurada y corriendo, pues el autobús pasa cada media hora y si no llega a tiempo de seguro faltara a su primera clase de la mañana. Carmen se precipita a cruzar la avenida corriendo, con la seguridad de ver el semáforo en rojo, pero no se percata que se aproxima un automóvil a toda velocidad intentando cruzar el semáforo que recién ha pasado a rojo. El hombre en el automóvil no alcanza a frena y Carmen es arrollada fuertemente, cayendo en el frío y húmedo asfalto que aún no calienta por la falta de sol.



lunes, 6 de febrero de 2012

Cuestiones de Arte y Religión


El sonido de los pocillos posicionarse en los platos resuena entre los corredores del museo, cucharas mezclando el azúcar en el café y otro tipo de sonidos comunes en una cafetería, pero que en esta no deberían existir. Es una sala amplia e iluminada, tiene mesas perfectamente organizadas para pasar entre ellas y que a su vez los visitantes tengan el espacio necesario para su comodidad; sus paredes están decoradas con replicas de pinturas y fotografías reconocidas, a excepción de una de sus paredes en la que en toda su extensión está construido un ventanal que le da la perfecta iluminación a los lectores. En la pared opuesta al ventanal se encuentra la barra de atención, en la que algunos empleados organizan bizcochuelos y otros pasabocas predilectos por los visitantes del museo.
Una mujer se pasea entre las mesas bipersonales ofreciendo café y otras bebidas calientes a los turistas y visitantes del museo, mientras al fondo situado en una mesa completamente solitario se encuentra un hombre de hábito con las manos en su cara en una clara expresión de desesperación. En la mesa descansan paralelamente dos libros, uno a simple vista y por sus letras en dorado brillante se puede divisar que es la “Sagrada Biblia”, el otro con un poco más de esfuerzo se puede leer en su cara desgastada y molida por el tiempo “El Espejismo de Dios”.
En el otro extremo de la sala se encuentra un joven tranquilo e imperturbable, con una mirada perdida al infinito del paisaje que se divisa por la ventana, a su lado derecho se encuentra una maleta negra en la que se lee claramente la suscripción “Aaton”. Frente a él, ubicado en la misma mesa se encuentra un hombre de un poco más edad, sus brazos tienen algunas cicatrices y en su cara un tupido bigote. Éste último mira fijamente al joven mientras de su boca salen incomprensibles sonidos por lo bajo que modula, éstos se pierden entre el sonido de la porcelana.
La mujer que sigue paseándose entre mesa y mesa se acerca al hombre de hábito, le pregunta si desea tomar algo y dejando una servilleta debajo del pocillo con una infusión de manzanilla y cidrón se aleja con la misma tranquilidad con que llegó. El hombre en hábito toma la servilleta y sonríe dejando algunas monedas para pagar su bebida, luego voltea su mirada al otro extremo de la sala y después de un sutil movimiento con su cabeza se desplaza hacia la salida de la sala. Luego de algunos minutos y del silencio del que ya hacen parte las porcelanas resonando, un teléfono celular hace su aparición en la sala. Bruscamente todo el mundo voltea a mirar al extraño hombre de tupido bigote sentado frente al joven imperturbable, el hombre de bigote desesperado saca su celular de una piernera común en las fuerzas policiacas, contesta con un bajo pero audible “¿Alo?”, a lo que luego de un momento replica con un “Sí, ya estamos listos” y seguidamente cuelga su teléfono guardándolo de nuevo en su piernera. El joven mira al hombre de bigote y poniéndose de pie carga su maletín, mira a la mujer que en ese momento se encuentra detrás de la barra y se dirige hacia la salida de la sala seguido por el hombre de bigote y la mujer.
Las luces se apagan, hay gritos entre los corredores y personas siguen las señales de ruta de evacuación que se ven con las luces de emergencia. Nadie sabe que ha pasado, algunas voces gritan que es un atentado, otros dicen desesperados que es un incendio, pero al parecer ninguna de las dos cosas sucede en los 5 minutos que lleva el museo en completa oscuridad. Los ingenieros tratan de localizar y solucionar el problema del apagón, pero por más que buscan en el sistema eléctrico del museo, no encuentran la causa de la falla eléctrica.
El museo estaba dividido en 5 pisos, el 3ro no estaba abierto al público, era el piso más seguro y debía serlo. Su contenido era un misterio para los visitantes del museo, siempre preguntaban a los empleados que les daban el recorrido, pero éstos siempre negaban el conocimiento de algún contenido en el mismo; y afirmaban que es el piso administrativo del museo.
20 minutos después de la interrupción eléctrica todo vuelve a la calma, sin explicación alguna el museo por completo recupera la iluminación y todas sus funciones normales, las cámaras están encendidas, los ascensores haciendo su trabajo, los sensores de movimiento y más importante; todo el contenido está intacto, bueno, eso es lo que en un principio se creyó. El personal administrativo comienza a hacer una revisión exhaustiva de los contenidos de las galerías de arte, las pinturas, esculturas y demás obras que convierten a este museo en uno de los mejores del mundo. Todo estaba en su lugar hasta que por simple rutina se hace revista al piso 3ro, percatándose de la ausencia de su más preciado objeto. En este piso se guardaba el original “Codex Aureus de Lorsch”, un libro hecho a base de marfil que contiene los evangelios de Lorsch y dos cartas a San Jerónimo.
El cuerpo de seguridad del museo llama a la policía y de inmediato aparece el primero, es un hombre alto con un uniforme lleno de medallas, contextura gruesa y un rostro con un tupido bigote. El policía se dirige directamente a uno de los administradores del museo, éste es un hombre viejo y de una presencia sabia, el tiempo solo lo ha preparado para enfrentar las adversidades de la vida; pero al parecer no le ha quitado su constitución a pesar de estar comprometido con su hábito. Los dos hombres hablan en medio de la gran sala que contenía el valioso libro, poco a poco comienzan a llegar los detectives encargados de llevar la investigación y se concentran en hacer su trabajo.
Un reportero se acerca a la puerta de la sala y un policía lo frena, le pide la identificación y este la presenta sin reproche alguno. El joven reportero pasa la cinta perimetral y se acerca al centro de la sala donde se suponía debía estar el valioso libro, es abordado por el policía de bigote e intercambian un par de palabras. El joven baja su maletín que porta con orgullo, es una insignia para él pues fue cortesía enviada por la compra de su cámara Aaton. Éste saca de su maletín una cámara fotográfica y comienza a hacer registro de la escena del crimen, foto tras foto el joven no titubea en presionar el obturador haciendo captura de cada minúsculo detalle. El policía se acerca al joven y vuelve a decirle algo en voz baja, el joven guarda su cámara y se dirige al hombre del hábito con quien se retira de la sala, y posteriormente a la salida del museo donde los espera una vagoneta en la que se retiran del museo, ésta es conducida por una bella joven que viste el uniforme de la cafetería del museo. El vehículo después de un par de horas de viaje llega a una gran bodega deteniéndose en la puerta, ésta se abre y permite ver al fondo una figura conocida. El vehículo entra lentamente y al mismo tiempo abre sus puertas, todos los personajes nombrados anteriormente bajan del mismo y por último colocan el maletín frente al hombre de bigote.
El viejo vestido en su hábito toma el maletín y lo abre, de él saca un pesado libro que pone en una mesa con iluminación dirigida. Se pone guantes de latex antes de abrir el libro y fuertemente a los demás pronuncia las palabras “Quod est pretium vitae, ni est mysteria?”.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Caen


La moribunda luz se filtra por entre las copas de los árboles, el viento juega con las mariposas que revolotean entre rama y rama mientras la tarde cae en una danza de miles de hojas otoñales brindándole al ocaso el color de la paz y la tranquilidad. De repente, una hoja se desprende de lo mas alto de un arce y comienza a ondular entre las suaves brisas que respira la solitaria tarde. En este momento, ni la mas mínima distracción interrumpe la sinfonía que el arroyo le brinda a la hoja para que se mueva al compás de las cuerdas que entona el agua al golpear con las rocas de su camino imperturbable. La hoja junto con el ocaso se aproximan a su fin, el frío suelo se asemeja a la oscuridad de la noche que se avecina y el arroyo continua su sinfonía con la pasión que le brinda observar cada hoja que al desprenderse de los arces, culmina su actuación en la gran obra del día.

viernes, 13 de mayo de 2011

Angel

Veo al amor asomarse al pie de mi ventana,
en el tren de la vida,
sonríe con su bello carisma,
y a su alrededor todo brilla.
Su sonrisa sube
y en encantadora melodía,
hermosura que solo pocos ángeles pueden tener,
el amor vestido de mujer.
Eres la vida,
la fortuna de poder llegar a ser feliz,
y otorgar la felicidad,
si con tus palabras me embistes,
me presentas tus sentimientos,
para descubrir lo bello que hay dentro de ti.
Miro de nuevo a la luna que me dice sin remedio,
eras tu el amor que se escondía bajo la ternura,
y su sonrisa tímida,
la de brillo despampanante,
la que acelera corazones con solo escucharle,
la dueña del aire,
y juntos con suspiros compartidos,
así yo te veo venir....

martes, 29 de marzo de 2011

Feeling

Hope.
It's what brings me to your eyes, on my bed.
Staring straight ahead to keep me on your way.
Strengthening my heart to not lose head.
That's why I Love You today!

Peace.
Are your lips touching my soul.
It's my shadow calling your light.
It's me, in the deep ocean of your love.
That's why I Love You Today!

Dreams.
Brings me hope for a hug.
Take my peace for a kiss.
It's the caress of your words.
That's why I Love You Every Day!

jueves, 24 de marzo de 2011

Solitaire Wolf VI

El joven Uratha pasa la noche junto a sus semejantes, sin descanso alguno y lanzando una que otra pregunta a quien vela la luna junto a el. No se siente confiado, pues cree que no puede haber surgido tal maldición de la nada, preguntándose a si mismo por el resto de su familia, de su linaje. Tantas dudas que todavía faltan por resolver, que atormentan su mente causándole ira consigo mismo, haciéndolo sentir solo en el mundo, a pesar de que su clan, o bueno, los vestigios de el aun lo acompañan.
Al amanecer, no puede creer que todos aquellos que en la noche anterior eran fuertes y grandes criaturas, hoy sean personas como las que habitan las grandes ciudades. Se pregunta por el misterio de su vivir, de su existir y como nunca antes nadie encontró en ellos algo mas que un mito o leyendas de criaturas de cuentos de hadas que solo rondan para luchar contra vampiros y otras dementes ideas.
En un momento de tranquilidad, se le acerca un viejo hombre con su cuerpo totalmente marcado en cicatrices, pero con una peculiar marca.
Anciano: Yo soy Hrafnkell Ingunn, soy el penultimo descendiente del linaje Ingunn de la luna purpura. Nosotros somos los mas antiguos moradores de todos los secretos Uratha y nuestra marca simboliza la luna creciente con la que los Dioses marcaron al primero de nuestra raza. Se que tienes miles de preguntas aun, se que te atormenta todavía el hecho de sentirte solo, pero te digo que tu dolor es compartido con mas algunos otros aquí.
Deum: Como así, a que te refieres?
Hrafnkell: Si joven Rabru, en los últimos 10 años hemos estado buscando en todo el mundo a jóvenes iniciados como tu, con la esperanza de encontrar algún rastro de otros grupos y clanes que sobrevivan a pesar de la rápida expansión de las ciudades.
Deum: Y eso que tiene que ver con mi soledad?
Hrafnkell: Aquí hay mas de uno que lleva marcas consigo que jamas habíamos visto, marcas que impulsan nuestra búsqueda.
Deum: A que te refieres con eso, entonces mi marca no es de este clan?
Hrafnkell: No joven Rabru, quiero decir que anoche Rimto no te dijo toda la verdad. Uno de los mas ancianos en nuestro clan tiene la ferviente creencia que tu familia se unió a otro clan. Hace poco mas de 50 años que por culpa de un joven torpe, tu padre, fue descubierta la existencia de nuestro clan. Tu abuelo tomo la decisión de hacer la familia a un lado de este clan y tomar un rumbo diferente, dejándote a ti en mis manos. Yo me encargue de mantenerte alejado de los problemas que pudieras sortear y de que a su debido tiempo no te dieras cuenta de la gran fuerza que llevas contigo. En estos momentos nuestro clan intenta encontrar de nuevo a tu familia, la unidad es necesario, o sino tal vez es cuestión de un poco mas de tiempo para que desaparezcamos.
Hrafnkell: Tu llevas contigo la responsabilidad e tu familia joven Rabru, tu eres nuestra única conexión con ellos y no queremos perdernos para siempre.
El anciano se aleja plácidamente y deja al joven Uratha con mas dudas de las que resolvió, tal vez esa era su intención para captar su atención y ponerla en pro de su búsqueda.